La adaptación al entrenamiento

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Tal y como vimos en el artículo anterior, la adaptación es uno de los principios básicos del entrenamiento deportivo. Decíamos que se refiere a la capacidad que tiene el deportista de asimilar e integrar los diferentes estímulos que recibe en sus entrenamientos.

Para que un estímulo produzca adaptaciones en el organismo tiene que alcanzar o superar ligeramente un umbral de duración e intensidad determinadas. Si dicho estímulo no alcanza el umbral, no se producirán adaptaciones; y si es sobrepasado en exceso, tampoco. Además, en este caso, aumenta el riesgo de daño o lesión.

Este umbral nos da idea de la zona óptima en la que la carga de entrenamiento provoca mejoras en el estado de forma del deportista. Cabe señalar que es individual, por lo que varía de una persona a otra. Además, por efecto del entrenamiento, también sufre variaciones a lo largo de la temporada de cada deportista.

Tipos de adaptación

Las adaptaciones pueden ser de dos tipos: rápidas o inmediatas y lentas o estables.

Adaptaciones rápidas o inmediatas. Se refieren a las respuestas que el deportista ofrece ante los estímulos que recibe en cada entrenamiento. Por ejemplo, si empiezas a correr y el piso está mojado, tus primeros pasos serán de tanteo hasta encontrar la zancada adecuada a las condiciones del terreno en cuanto a agarre y estabilidad.

Adaptaciones lentas o estables. Hacen referencia a cambios en el organismo a nivel estructural y funcional, por efecto de la suma de sesiones de entrenamiento. Por ejemplo, si tus entrenamientos para mejorar la resistencia aeróbica están bien planteados, tu sistema cardiovascular será más efectivo a la hora de proporcionarte energía, preferentemente, a través de la vía aeróbica; y lo mismo sucederá con la musculatura de tu tren inferior, que será capaz de asimilar mayor carga de entrenamiento con un menor gasto energético.

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Consejo ARCUM: recuerda que todos los principios del entrenamiento deportivo están interrelacionados y que no se pueden interpretar de forma aislada. Para lograr adaptaciones estables, tu programa de entrenamiento también deberá tener en consideración, al menos, los principios de individualización, especificidad, continuidad, progresión, variedad, recuperación y supercompensación, ya vistos en nuestro artículo “Los principios del entrenamiento”.

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